"No emplees tu tiempo sólo en trabajar. Úsalo también para convencer... y generar así los acuerdos"

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miércoles, 9 de diciembre de 2009

Og Mandino (1968): Pergamino nº 3

“Persistiré hasta alcanzar el éxito.
En el Oriente los toros jóvenes son puestos a prueba en cierta forma para la corrida en la plaza. Estos toros son traídos a la plaza y se les deja atacar al picador que los pica con una lanza. La bravura de cada toro se calcula entonces con cuidado, según las veces que demostró su disposición de embestir a pesar de la picadura de la lanza. De aquí en adelante reconoceré que todos los días la vida me pone a prueba en igual forma. Si persisto, si sigo probando, si continúo embistiendo alcanzaré el éxito.
Persistiré hasta alcanzar el éxito. En este mundo no nací en derrota, ni el fracaso corre por mis venas. No soy una oveja que espera ser aguijoneada por el pastor. Soy un león y me niego a hablar, a caminar o a dormir con las ovejas. Me abstendré de escuchar a aquellos que lloran y se quejan, porque la enfermedad es contagiosa. Que ellos se unan a las ovejas. El matadero del fracaso no es mi destino.
Persistiré hasta alcanzar el éxito. Los premios de la vida se encuentran al final de cada jornada y no cerca del comienzo, y no me corresponde a mí saber cuántos pasos son necesarios a fin de alcanzar mi meta. Puede aún sobrecogerme el fracaso al dar mi milésimo paso, y sin embargo quizá el éxito se oculte detrás del siguiente recodo del camino. Jamás sabré cuán cerca estoy del éxito a menos que doble la curva. Siempre daré un paso más. Si ese no es suficiente, daré otro y aún otro. En realidad, un paso por vez no es muy difícil.
Persistiré hasta alcanzar el éxito. De aquí en adelante consideraré el esfuerzo de cada día como un golpe de la hoja del hacha contra un poderoso roble. El primer golpe quizá ni cause temblor en el árbol, ni el segundo ni el tercero. Cada golpe en sí mismo quizá sea insignificante y al parecer sin consecuencia. Y sin embargo, como resultado de golpes endebles el roble finalmente se tumbará. Y así será con mis esfuerzos de hoy. Se me comparará con las gotas de lluvia que finalmente se llevan la montaña; la hormiga que devora al tigre; la estrella que ilumina la tierra; el esclavo que construye una pirámide. Edificaré mi castillo usando un ladrillo por vez porque yo sé que los pequeños intentos, repetidos, completarán cualquier empresa.
Persistiré hasta alcanzar el éxito. Jamás aceptaré la derrota y borraré de mi vocabulario palabras o frases como abandono, no puedo, imposible, irrealizable, improbable, fracaso, impráctico, sin esperanzas y retirada… porque son palabras de necios. Huiré de la desesperación, pero si esta enfermedad de la mente me atacara, seguiría trabajando en medio de la desesperación. Trabajaré y aguantaré. Pasaré por alto los obstáculos que se yerguen a mis pies y mantendré los ojos fijos en las metas por encima de mi cabeza, porque sé que donde termina el árido desierto crece la verde vegetación.
Persistiré hasta alcanzar el éxito. Recordaré la antiquísima ley de los promedios y la adaptaré para mi beneficio. Persistiré en la convicción de que cada vez que fracase en una venta, aumentarán las posibilidades de éxito en la tentativa siguiente. Toda vez que escuche un “no”, me aproximará al sonido de un “sí”. Toda vez que me encuentre con una mirada de desaprobación recordaré que sólo me prepara para la sonrisa que hallaré después. Cada desventura que me sobrevenga contendrá en sí la semilla de la buena suerte del mañana. Debo contemplar la noche para apreciar el día. Debo fracasar con frecuencia para tener éxito una sola vez.
Persistiré hasta alcanzar el éxito. Persistiré, persistiré y persistiré de nuevo. Cada obstáculo que se me presente lo consideraré como un mero rodeo en el camino que me lleva a la meta y un desafío a mi profesión. Persistiré y desarrollaré mis habilidades como el marino desarrolla las suyas, aprendiendo a dominar la furia de cada tormenta.
Persistiré hasta alcanzar el éxito. De aquí en adelante, aprenderé y aplicaré otro secreto de aquellos que sobresalen en su trabajo. Cuando haya terminado el día, sin tener en cuenta si ha sido un éxito o fracaso, procuraré realizar una venta más. Cuando mis pensamientos inviten a mi cansado cuerpo a retornar a la casa, resistiré la tentación de hacerlo. Trataré de realizar una venta más. Haré un intento más de cerrar el día con una victoria, y si ese intento fracasa haré otro. No permitiré jamás que ningún día termine en fracaso. De esta manera plantaré la semilla del éxito del mañana y lograré una ventaja insuperable sobre aquellos que cesan de trabajar a una hora prescripta. Cuando otros ponen fin a la lucha, la mía habrá comenzado y mi cosecha será amplia.
Persistiré hasta alcanzar el éxito. Ni permitiré tampoco que los éxitos del ayer me hagan caer en el sopor de la complacencia del hoy, puesto que esta es el gran fundamento del fracaso. Me olvidaré de los acontecimientos del día que ha pasado, ya fuesen buenos o malos, y saludaré el nuevo día con confianza de que este será el mejor día de mi vida. Mientras haya hálito en mí, persistiré. Porque ahora sé uno de los grandes principios del éxito: si persisto lo suficiente alcanzaré la victoria.
Persistiré, alcanzaré la victoria”.
(Og Mandino).

6 comentarios:

  1. Hola Germán como he hecho un comentario en las dos entradas anteriores pues no puedo dar la callada por respuesta: "Persistiré hasta alcanzar el éxito". Depende de lo que me proponga y sea para mi el éxito. Y a veces lo que me propongo es tan descabellado que es imposible por más que lo intente. Otras cambio de parecer y lo dejo a medias. Otras interviene un factor externo y ajeno a mi y mi proposición se queda abandonada a mitad de camino.
    Aqui hay tema para largo. ¿Quien es el que ha de recocer mi éxito? ¿Que criterios son aplicables? Estos varían según las épocas.
    Para llevar a cabo estas últimas recomendaciones hay que ser un fuera de serie, y a mi juicio la mayoria de las personas somos muy del montón.
    Un abrazo muy grande

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  2. Hola german:

    Persistir, resistir, aguantar. !qué necesario y difícil es¡ lo malo, es que por unas razones u otras siempre acabamos tirando la toalla, por muy fuertes que seamos. Mientras haya hálito habrá que seguir siempre, aunque sepas que la vida es una continua derrota con victorias puntuales. y gracias otra vez por compartir todo esto
    Un abrazo

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  3. Hola, Katy:
    supongo que Mandino aludiría a los objetivos de venta en esta obra. No obstante, pienso que el trasfondo que quería dar no se limitaba a cuestiones comerciales, sino a los objetivos en nuestras vidas (profesionales o humanos), condicionado, supongo, por su paso por el alcoholismo. Me gusta que trate en casi todos los escritos de la humildad.
    Gracias por pasarte y comentar, Katy.
    Un abrazo.

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  4. Hola, Fernando:
    creo que el alcance de los valores que proclamaba Mandino estaban situados en alto listón. Sin embargo, como en todo, la intención sincera es lo que convierte las aspiraciones en logros, independientemente del nivel al que llegues. No se trata de alcanzar la perfección ni de llegar a la extenuación, sino de dar (darnos) al nivel que honradamente podamos dar.
    Un abrazo y muchas gracias, Fernando.

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  5. Persistiré es un buen verbo, aunque en según qué mentes puede tener aplicaciones perversas.

    El valor de la aspiración, el valor de ‘persistir’ en ese éxito es lo necesario en muchos ámbitos, aunque me siento desconfiado ante a quién no le importa qué pisar para alcanzar sus metas.

    ¿Una meta conseguida sigue siendo una meta? ¿Un límite?

    ;)

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  6. Hola, Gabi:
    en mi opinión, una meta conseguida conlleva un replanteamiento de las aspiraciones, sin tener por ello que constituir un límite. Persistir, perseverar, es una virtud; otra cosa es escoger determinados objetivos o metas que no van en consonancia con lo que pudiéramos llamar virtudes humanas. En cualquier caso, la perseverancia en un objetivo debe guardar equilibrio con la que debe aplicarse también a otros.
    Gracias por tu comentario, Gabi.
    Un abrazo.

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