"No emplees tu tiempo sólo en trabajar. Úsalo también para convencer... y generar así los acuerdos"

"No emplees tu tiempo sólo en trabajar. Úsalo también para convencer... y generar así los acuerdos"
gidval@gmail.com - (Valencia, España)

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miércoles, 16 de diciembre de 2009

Og Mandino (1968): Pergamino nº 10

“¿Qué hombre tiene tan poca fe que en un momento de gran desastre y de angustia no ha invocado a su Dios? ¿Quién no ha clamado cuando se ha visto confrontado con el peligro, la muerte o un misterio superior a su comprensión o experiencia normal? ¿De dónde procede este profundo instinto, que se expresa por la boca de todos los seres vivientes en momentos de peligro?
Agite la mano rápidamente ante los ojos de alguno y sus párpados pestañearán. Dele a otro un golpecito en la rodilla y la pierna dará un salto. Confronte a otro con una historia de horror y sus labios dirán: “Dios mío”, en virtud del mismo impulso. Mi vida no tiene que estar saturada de religión para reconocer este gran misterio de la naturaleza. Todos los seres que andan por la tierra, incluso el hombre, poseen el instinto de clamar pidiendo ayuda.
¿Por qué es que poseemos este instinto, ese don? ¿No son nuestros clamores una forma de oración? ¿No sería incomprensible, en un mundo gobernado por las leyes de la naturaleza, otorgar a un cordero o a una mula, o a un pajarillo o al hombre el instinto de clamar pidiendo ayuda, si alguna mente superior no hubiese también determinado que el clamor fuese escuchado por un poder superior con la habilidad de escuchar y de responder a nuestro clamor? De aquí en adelante oraré, pero mis clamores pidiendo ayuda serán solamente clamores pidiendo dirección.
Nunca oraré pidiendo las cosas materiales de este mundo. No estoy llamando a un sirviente para que me traiga alimentos. No le estoy ordenando a un fondista o mesonero para que me proporcione habitación. No pediré jamás que se me otorgue oro, o amor, o buena salud, o victorias mezquinas, o la fama, o el éxito o la felicidad. Sólo oraré por directivas y orientaciones, a fin de que se me señale el camino para adquirir estas cosas, y mi oración será contestada siempre. Quizá recibiré la dirección y orientación que busco, o tal vez no, pero ¿no son estas dos cosas una respuesta? Si el niño le pide pan a su padre y el padre no se lo da, ¿no le ha respondido el padre?
Oraré pidiendo directivas y orientación, y oraré como vendedor de esta manera:
“Oh, creador de todas las cosas, ayúdame. Porque hoy me interno en el mundo desnudo y solo, y sin tu mano que me guíe me extraviaré del camino que conduce al éxito y a la felicidad. No pido ni oro ni ropas ni aún las oportunidades en consonancia con mi habilidad; en cambio, guíame a fin de que adquiera habilidad para aprovechar mis oportunidades.
Tú le has enseñado al león y al águila cómo cazar y prosperar con sus dientes y sus garras. Enséñame a cazar con palabras y a prosperar con amor para que sea un león entre los hombres y un águila en el mercado. Ayúdame a permanecer humilde en los obstáculos y fracasos; sin embargo, no ocultes de mi vista el premio que acompañará a la victoria. Asígname tareas en cuyo desempeño otros hayan fracasado; sin embargo, guíame a fin de que pueda arrancar las semillas del éxito de entre sus fracasos. Confróntame con temores que me templen el espíritu; sin embargo, concédeme el valor para reírme de mis dudas
Dame un número suficiente de días para alcanzar mis metas; y sin embargo ayúdame para vivir hoy como si fuera mi último día. Guíame en mis palabras a fin de que produzcan frutos; sin embargo, sella mis labios para que no diga chismes y nadie sea calumniado. Disciplíname a fin de que adquiera el hábito de no cejar nunca; sin embargo, señálame la forma de usar la ley de los promedios. Hazme alerta a fin de reconocer la oportunidad; y sin embargo, otórgame paciencia que concentrará mis fuerzas.
Báñame en buenos hábitos a fin de que los malos se ahoguen; sin embargo, concédeme compasión para las debilidades de los hombres. Déjame saber que todo pasará; sin embargo, ayúdame a contar mis bendiciones de hoy. Exponme ante el odio a fin de que no me sea extraño; sin embargo, llena mi copa de amor a fin de que pueda convertir a los extraños en amigos.
Pero que todas estas cosas sean así si es tu voluntad. Soy tan sólo un pequeño y solitario grano de uva que se aferra a la viña, y sin embargo me has hecho distinto de todos los demás. En realidad debe existir un lugar especial para mí. Guíame. Ayúdame. Señálame el camino. Déjame que llegue a ser todo lo que tienes planeado para mí cuando mi semilla fue plantada y seleccionada por ti para germinar en la viña del mundo. Ayuda a este humilde vendedor.
Guíame, Dios”.
(Og Mandino)

martes, 15 de diciembre de 2009

Og Mandino (1968): Pergamino nº 9

“Mis sueños carecen de valor alguno, mis planes son como el polvo, mis metas son imposibles. Todo ello carece de valor a menos que sea seguido de la acción.
Procederé ahora mismo. Jamás ha existido un mapa, por muy exactos que hayan sido los detalles y la escala, que transportara a su dueño un centímetro de distancia. Jamás ha existido un documento jurídico, por justo que fuese, que haya impedido un crimen. Jamás ha existido un pergamino, aún como el que yo sostengo ahora, que se haya ganado un centavo o producido una sola palabra de aclamación. Solamente la acción es la chispa que enciende el mapa, el documento, este pergamino, mis sueños, mis planes, mis metas, hasta convertirlos en una fuerza viviente. La acción es mi alimento y bebida que nutrirá mi éxito.
Procederé ahora mismo. La demora que me ha retrasado fue hija del temor y ahora reconozco este secreto, extraído de las profundidades de corazones valientes. Ahora sé que para conquistar el temor debo siempre proceder sin vacilación y los estremecimientos de mi corazón desaparecerán. Y ahora sé que la acción reduce al león del terror a una hormiga de ecuanimidad.
Procederé ahora mismo. De aquí en adelante, recordaré la lección de la luciérnaga que proyecta su luz solamente cuando vuela, solamente cuando está en acción. Me convertiré en luciérnaga y aún durante el día se verá mi resplandor a pesar del sol. Que otros sean como las mariposas que se acicalan las alas, y que sin embargo dependen de la caridad de una flor para vivir. Seré como una luciérnaga y mi luz iluminará el mundo.
Procederé ahora mismo. No eludiré las tareas de hoy ni las postergaré para mañana, porque sé que el mañana nunca llega. Déjenme proceder ahora aunque mis acciones no traigan la felicidad o el éxito, porque es mejor proceder y fracasar que quedarse inactivo y salir del paso a duras penas. La felicidad, en realidad, quizá no sea el fruto arrancado mediante mi acción, y sin embargo sin la acción todo fruto morirá en su tallo.
Procederé ahora mismo. Procederé ahora mismo, ahora mismo, ahora mismo… De aquí en adelante repetiré estas palabras constantemente, cada hora, cada día, todos los días, hasta que las palabras se conviertan en un hábito como el respirar y las acciones que sigan sean algo tan instintivo como el pestañear. Con estas palabras puedo preparar la mente para realizar todo acto necesario para mi éxito; con estas palabras puedo preparar la mente para hacer frente a todo desafío que el fracasado elude.
Procederé ahora mismo. Repetiré estas palabras una vez tras otra. Las pronunciaré cuando despierte al saltar de mi cama, mientras el fracasado duerme una hora más.
Procederé ahora mismo. Cuando entre al mercado las pronunciaré e inmediatamente confrontaré a mi primer cliente, mientras el fracasado medita con detenimiento sobre la posibilidad de que se lo desaire.
Procederé ahora mismo. Cuando me encuentre frente a una puerta cerrada, las pronunciaré y luego llamaré mientras que el fracasado espera afuera con temor y temblor.
Procederé ahora mismo. Las pronunciaré cuando me confronte la tentación, y procederé de inmediato `para sacarme a mí mismo del mal.
Procederé ahora mismo. Cuando esté tentado a abandonar la lucha para comenzar mañana, pronunciaré estas palabras y procederé de inmediato a consumar otra venta.
Procederé ahora mismo. Solamente la acción determina mi valor en el mercado, y para multiplicar mi valor multiplicaré mi acción. Transitaré allí donde el fracasado teme andar. Trabajaré cuando el fracasado busque descanso. Hablaré cuando el fracasado permanece en silencio. Visitaré a diez personas que pueden comprar mis mercancías, mientras que el fracasado se formula planes grandiosos para visitar a uno solo. Afirmaré que la labor está cumplida antes que el fracasado diga que es demasiado tarde.
Procederé ahora mismo. Porque el ahora es todo lo que tengo. Mañana es el día reservado para el trabajo de los haraganes. Yo no soy haragán. Mañana es el día cuando lo malo se vuelve bueno. Yo no soy malo. Mañana es el día cuando el débil se vuelve fuerte. Yo no soy débil. Mañana es el día cuando el fracasado tendrá éxito. Yo no soy un fracasado.
Procederé ahora mismo. Cuando el león siente hambre, come. Cuando el águila siente sed, bebe. Si no procedieran, si no actuaran, ambos morirían. Yo siento la sed del éxito. Siento sed de felicidad y de paz mental. Si no procedo, si no actúo, pereceré en una vida de fracaso, de miseria, de noches de insomnio. Impartiré órdenes y obedeceré mis propias órdenes.
Procederé ahora mismo. El éxito no esperará. Si demoro, será como una novia que se casará con otro y la perderé para siempre. Ahora es el momento oportuno, este es el lugar, yo soy el hombre.
Procederé ahora mismo”.
(Og Mandino).

lunes, 14 de diciembre de 2009

Og Mandino (1968): Pergamino nº 8

“Hoy multiplicaré mi valor en un ciento por ciento.
Una hoja de morera tocada por el genio del hombre se convierte en seda. Un campo de arcilla tocado por el genio del hombre se convierte en un castillo. Un ciprés tocado por el genio del hombre se convierte en un santuario. Un vellón de lana tocado por el genio del hombre se convierte en un manto para un rey. Y si es posible que las hojas y la arcilla y la madera y la lana multipliquen su valor en un ciento por ciento… qué digo, en un mil… por el hombre, ¿no puedo hacer lo mismo con la arcilla que lleva mi nombre?
Hoy multiplicaré mi valor en un ciento por ciento. Soy como el grano de trigo a quien le confrontan tres futuros. El trigo puede ser puesto en una bolsa y arrojado en un chiquero para alimentar a los puercos. O puede molerse y convertirse en harina y luego en pan. O puede sembrarse en la tierra a fin de que crezca hasta que sus espigas de oro produzcan mil granos de uno. Soy como un grano de trigo, con una diferencia. El trigo no puede escoger ser de alimento para los puercos, molido para el pan o plantado para que se multiplique. Yo tengo la facultad de elección y no permitiré que mi vida sea alimento de los puercos ni dejaré que sea molida bajo las piedras del fracaso y la desesperación, y así quebrantado, ser devorado por la voluntad de otros.
Hoy multiplicaré mi valor en un ciento por ciento. Para que crezca y se multiplique es necesario plantar el grano de trigo en la oscuridad de la tierra y mi fracaso, mi desesperación, mi ignorancia y mis inhabilidades son la oscuridad en la cual he sido plantado a fin de madurar. Ahora, como el grano de trigo que brotará y fructificará solamente si es nutrido por la lluvia y el sol y los vientos tibios, yo también debo nutrir mi cuerpo y mi mente para cumplir mis sueños. Pero para crecer hasta llegar a su plenitud el trigo debe esperar los caprichos de la naturaleza. Pero yo no necesito esperar porque tengo el poder para escoger mi propio destino.
Hoy multiplicaré mi valor en un ciento por ciento. ¿Y cómo lograré esto? Primeramente fijaré metas para el día, la semana, el mes, el año y mi vida. Así como la lluvia debe caer antes de que el grano de trigo rompa su cáscara y germine, así yo también debo tener metas y objetivos para que mi vida cristalice. Al fijarme metas recordaré mis mejores trabajos del pasado y los multiplicaré en un ciento por ciento. Este será el nivel según el cual viviré en el futuro. Nunca me preocuparé de que mis metas sean demasiado elevadas, puesto que ¿no es mejor acaso apuntar mi lanza a la luna y herir solamente a un águila que apuntar mi lanza al águila y pegarle solamente a una roca?
Hoy multiplicaré mi valor en un ciento por ciento. La magnitud de mis metas no me asombrará aunque quizá tropiece antes de alcanzarlas. Si tropiezo me levantaré de nuevo y mis caídas no me preocuparán porque todos los hombres deben de tropezar con frecuencia antes de llegar a su hogar. Sólo el gusano está libre de la preocupación de tropezar. Y yo no soy gusano. No soy una cebolla tampoco. No soy una oveja. Soy hombre. Que otros construyan una cueva con su arcilla. Por mi parte construiré un castillo con la mía.
Hoy multiplicaré mi valor en un ciento por ciento. Y así como el sol debe calentar la tierra a fin de producir la plantita de trigo, así también las palabras de estos pergaminos calentarán mi vida y convertirán mis sueños en realidad. Hoy sobrepasaré toda acción que realicé ayer. Subiré la montaña de hoy con toda la habilidad que tengo, y sin embargo mañana subiré más alto que hoy, y el día siguiente más alto que ayer. El sobrepasar los hechos de los otros carece de importancia; el sobrepasar mis propios hechos es lo que significa todo.
Hoy multiplicaré mi valor en un ciento por ciento. Y así como el viento caliente hace madurar el trigo, los mismos vientos llevarán mi voz a aquellos que me escucharán y mis palabras les anunciarán mis metas. Una vez pronunciado, no me atrevo a revocar lo que he dicho por temor a la humillación. Seré como mi propio profeta y aunque todos se rían de mis declaraciones, oirán mis planes, conocerán mis sueños. Y de esta manera no habrá escape para mí hasta que mis palabras se conviertan en hechos realizados.
Hoy multiplicaré mi valor en un ciento por ciento. No cometeré el terrible crimen de apuntar demasiado bajo. Realizaré la labor que un fracasado no realizará. Siempre extenderé mi brazo más allá de lo que está a mi alcance. No quedaré nunca contento con mi actuación en el mercado. Siempre ampliaré mis metas tan pronto como las haya alcanzado. Procuraré siempre hacer que la próxima hora sea mejor que esta. Proclamaré siempre mis metas al mundo. Y sin embargo, nunca proclamaré mis éxitos. Que el mundo en cambio se me acerque con alabanza y que tenga yo sabiduría de recibirlo con humildad.
Hoy multiplicaré mi valor en un ciento por ciento. Un grano de trigo, cuando se multiplica en un ciento por ciento producirá cien tallos. Multiplique estos es un ciento por ciento, diez veces, y alimentarán a todas las ciudades del mundo. ¿No soy yo más que un grano de trigo?
Hoy multiplicaré mi valor en un ciento por ciento. Y cuando haya realizado esto, lo repetiré de nuevo, y de nuevo, y se producirá el asombro a la maravilla ante mi grandeza, en circunstancias que las palabras de estos pergaminos se cumplen en mí”.
(Og Mandino).

domingo, 13 de diciembre de 2009

Og Mandino (1968): Pergamino nº 7

“Me reiré del mundo.
Ningún ser viviente puede reírse, con la excepción del hombre. Los árboles tal vez se desangren cuando son heridos y las bestias del campo se quejarán de dolor y de hambre, y sin embargo sólo yo tengo el don de la risa y es un don que puedo usar cuando quiero. De aquí en adelante cultivaré el hábito de la risa. Sonreiré y mi digestión mejorará; me reiré y mis cargas serán aliviadas; me reiré y mi vida será alargada, porque este es el gran secreto de la larga vida y es ahora mío.
Me reiré del mundo. Y especialmente, me reiré de mí mismo porque el hombre es lo más cómico cuando se toma demasiado en serio. Nunca caeré en esta trampa de la mente. Porque aunque sea el más grande milagro de la naturaleza, ¿no soy aún un mero grano de arena sacudido por los vientos del tiempo? ¿Sé en realidad de dónde vine y a dónde voy? ¿Mi preocupación por este día no parecerá necia dentro de diez años? ¿Por qué permitiré que los acontecimientos insignificantes del hoy me perturben? ¿Qué puede acontecer antes de que se ponga este sol que no parecerá insignificante en el río de los siglos?
Me reiré del mundo. ¿Y cómo me reiré cuando me confronta un hombre o acciones que me ofenden y que provocan mis lágrimas y maldiciones? Tres palabras aprenderé a repetir hasta que se conviertan en un hábito tan fuerte que inmediatamente aparecerán en mi mente siempre que el buen humor amenace apartarse de mí. Estas palabras, transmitidas por los antiguos, me harán triunfar en la adversidad y mantendrán mi vida en equilibrio. Estas tres palabras son: “Esto pasará también”.
Me reiré del mundo. Porque todas las cosas mundanales cesarán. Cuando me sienta profundamente acongojado me consolaré pensando que esto pasará también; cuando me sienta orgulloso del éxito me advertiré que esto pasará también. Cuando me sienta oprimido por la pobreza me diré que esto pasará también; cuando esté agobiado de riquezas recordaré que esto pasará también. Ciertamente, ¿dónde está aquel que edificó la pirámide? ¿No está sepultado dentro de sus piedras? ¿y la pirámide algún día no quedará sepultada bajo la arena? Si todas estas cosas pasarán, ¿por qué debo preocuparme del hoy?
Me reiré del mundo. Pintaré este día con prisas; pondré marco a esta noche con una canción. Nunca trabajaré para ser feliz; más bien trabajaré con ahínco para no estar triste. Disfrutaré hoy de la felicidad de hoy. No es grano para ser almacenado en una caja. No es vino a guardarse en una vasija. No puede conservarse para mañana. Debe sembrarse y cosecharse el mismo día y esto haré de hoy en adelante.
Me reiré del mundo. Y con mi risa todas las cosas quedarán reducidas a su justa medida. Me reiré de mis fracasos y se desvanecerán en nubes de nuevos sueños; me reiré de mis éxitos y quedarán reducidos a su verdadero valor. Me reiré del mal, que sucumbirá sin ser probado. Me reiré de la bondad, y esta prosperará y abundará. El día será triunfante sólo cuando mis sonrisas provoquen sonrisas en otros, y esto lo hago por interés, porque aquellos a quienes les hago mal gesto no compran mis mercancías.
Me reiré del mundo. De aquí en adelante derramaré solamente lágrimas de sudor, porque las lágrimas que nacen de la tristeza, del remordimiento, de la frustración no tienen valor en el mercado, mientras que cada sonrisa puede ser canjeada por oro y cada palabra bondadosa, hablada desde el corazón, puede edificar un castillo. Nuca permitiré que me vuelva tan importante, tan sabio, tan grave y reservado, tan poderoso, que me olvide de reírme de mí mismo y de mi mundo. En este asunto seguiré siempre siendo un niño, porque solamente como un niño se me ha otorgado la habilidad de admirar a los demás; y mientras admire a otro nunca me formaré una opinión excesiva de mí mismo.
Me reiré del mundo. Y mientras pueda reírme no seré jamás pobre. Este es entonces uno de los mayores dones de la naturaleza, y no lo malgastaré más. Solamente con la risa y la felicidad puedo convertirme en un verdadero éxito. Sólo con la risa y la felicidad puedo disfrutar de los frutos de mi trabajo. Si no fuera así, sería mejor que fracasara porque la felicidad es el vino que afina el gusto de la comida. Para disfrutar del éxito debo tener felicidad, y la risa será la doncella que me sirve.
Seré feliz; tendré éxito; seré el más grande vendedor que el mundo ha conocido”.
(Og Mandino).

sábado, 12 de diciembre de 2009

Og Mandino (1968): Pergamino nº 6

“Hoy seré dueño de mis emociones.
La marea sube; la marea baja. Pasa el invierno y llega el verano. Declina el verano y aumenta el frío. El sol sale; el sol se pone. La luna está llena; la luna es negra. Llegan los pájaros y luego parten. Florecen las flores; las flores se marchitan. Se siembra la semilla; se recoge la cosecha. La naturaleza toda es un ciclo de estados de ánimo y yo soy parte de la naturaleza y así como la marea, subirán mis estados de ánimo y mis estados de ánimo bajarán.
Hoy seré dueño de mis emociones. Es una de las estratagemas de la naturaleza, escasamente comprendida, que cada día amanezco con estados de ánimo que han cambiado desde ayer. El gozo de ayer se convertirá en la tristeza de hoy; sin embargo la tristeza de hoy pasará a ser el gozo del mañana. Dentro de mí hay una rueda que cambia constantemente de la tristeza al gozo, de los transportes de alegría a la depresión, de la felicidad a la melancolía. Al igual que las flores, los capullos de gozo de hoy se marchitarán y abatirán, y sin embargo recordaré que las flores secas de hoy llevan la semilla del pimpollo del mañana; así también la tristeza de hoy contiene la simiente del gozo del mañana.
Hoy seré dueño de mis emociones. ¿Y cómo dominaré estas emociones a fin de que cada día sea productivo? Porque a menos que mi estado de ánimo sea el correcto, mi vida será un fracaso. Los árboles y las plantas dependen del tiempo para florecer pero yo elaboro mi propio tiempo. ¡Qué digo!… lo llevo conmigo. Pero si yo les ofrezco a mis clientes lluvia y lobreguez y tinieblas y pesimismo, reaccionarán con tristeza, tinieblas y pesimismo y no me comprarán nada. Si les ofrezco gozo y entusiasmo y claridad y alegría a mis clientes, reaccionarán con gozo y entusiasmo, claridad y alegría, y mi tiempo me producirá una cosecha de ventas y un granero de oro.
Hoy seré dueño de mis emociones. ¿Y cómo dominaré a mis emociones a fin de que todos los días sean días felices y productivos? Aprenderé este secreto de los siglos: “Débil es aquel que permite que sus pensamientos controlen sus acciones; fuerte es aquel que compele a sus acciones que controlen sus pensamientos”. Todos los días, cuando despierto, seguiré este plan de batalla antes de ser capturado por las fuerzas de la tristeza, de la autocompasión y del fracaso:
Si me siento deprimido, cantaré.
Si me siento triste, reiré.
Si me siento enfermo, redoblaré mi trabajo.
Si siento miedo, me lanzaré adelante.
Si me siento inferior, vestiré ropas nuevas.
Si me siento inseguro, levantaré la voz.
Si siento pobreza, pensaré en la riqueza futura.
Si me siento incompetente, recordaré éxitos del pasado.
Si me siento insignificante, recordaré mis metas.
Hoy seré dueño de mis emociones. De aquí en adelante, sabré que sólo aquellos con habilidad inferior podrán estar siempre a su nivel más alto, y yo no soy inferior. Habrá días en los que tenga que luchar constantemente contra fuerzas que me desgarrarían. Aunque el desánimo y la tristeza son fáciles de reconocer, hay otros que se nos aproximan con una sonrisa y con un amistoso apretón de manos, pero también pueden destruirnos. Contra ellos, también, debo estar siempre alerta:
Si se apodera de mí la confianza excesiva, recordaré mis fracasos.
Si me siento inclinado a entregarme con exceso a la buena vida, recordaré hambres pasadas.
Si siento complacencia, recordaré a mis competidores.
Si disfruto de momentos de grandeza, recordaré momentos de vergüenza.
Si me siento todopoderoso, procuraré detener el viento.
Si alcanzo grandes riquezas, recordaré una boca hambrienta.
Si me siento orgulloso en exceso, recordaré un momento de debilidad.
Si pienso que mi habilidad no tiene igual, contemplaré las estrellas.
Hoy seré dueño de mis emociones. Y con este conocimiento comprenderé también y recordaré los estados de ánimo de aquel a quien visite. Toleraré su enojo y su irritación de hoy porque no sabe el secreto de dominar su mente. Puedo resistir sus saetas e insultos porque ahora sé que mañana cambiará y será un gozo visitarlo. No juzgaré a un hombre por una sola visita; no dejaré jamás de visitar de nuevo mañana a aquel que hoy me demuestra odio. Hoy no comprará carrozas de oro por un centavo, y sin embargo mañana canjeará su casa por un árbol. El conocimiento que tengo de este secreto será la llave que me abre las puertas de la riqueza.
Hoy seré dueño de mis emociones. De aquí en adelante reconoceré e identificaré el misterio de los estados de ánimo de toda la humanidad, y en mí. Desde este momento estoy preparado para dominar cualquier tipo de personalidad que se despierta en mí todos los días. Dominaré mis estados de ánimo mediante una acción positiva, y cuando haya dominado mis estados de ánimo controlaré mi destino. Hoy controlo mi destino, y mi destino es el de convertirme en el vendedor más grande del mundo.
Seré dueño de mí mismo. Seré grande”.
(Og Mandino).

viernes, 11 de diciembre de 2009

Og Mandino (1968): Pergamino nº 5

"Viviré este día como si fuese el último día de mi vida.
¿Y qué haré con este último día de valor incalculable que me queda? Primero, sellaré el contenido de la vida de manera que ni una gota se derrame sobre la arena. No perderé ni un momento siquiera en lamentarme por las desgracias del ayer, las derrotas del ayer, los sufrimientos del ayer, porque ¿por qué debo desperdiciar lo que es bueno en lo malo? ¿Puede la arena deslizarse hacia arriba en el reloj? ¿Saldrá el sol donde se pone y se pondrá donde sale? ¿Puedo vivir de nuevo los errores del ayer y corregirlos? ¿Puedo hacer que retornen las heridas del ayer y sanarlas? ¿Puedo volverme más joven que ayer? ¿Puedo desdecirme del mal que he hablado, anular los golpes que he asestado, el dolor que he provocado? No, el ayer ha quedado sepultado para siempre y no pensaré más en él.
Viviré hoy como si fuera el último día de mi vida. ¿Y qué haré entonces? Olvidándome del ayer, no pensaré tampoco en el mañana. ¿Por qué arrojaré el “ahora” detrás del “quizá”? ¿Puede la arena del mañana correr por el reloj antes que la de hoy? ¿Nacerá el sol dos veces esta mañana? ¿Puedo realizar las tareas del mañana mientras me hallo en la senda del hoy? ¿Puedo poner el oro del mañana en la bolsa del hoy? ¿Puede el niño del mañana nacer hoy? ¿Puede la muerte que se producirá mañana proyectar hacia atrás su sombra y oscurecer el gozo de hoy? ¿Debo preocuparme de acontecimientos que quizá nunca contemple? ¿Debo atormentarme con problemas que tal vez nunca ocurran? ¡No! El mañana yace sepultado con el ayer, y no pensaré más en él. Viviré este día de mi existencia.
Este día es todo lo que tengo, y estas horas son ahora mi eternidad. Saludo este amanecer con exclamaciones de gozo, como un preso a quien se le conmuta la sentencia de muerte. Elevo mis brazos con agradecimiento por este don inapreciable de un nuevo día. Así también me golpearé el pecho con gratitud al considerar a todos los que saludaron la salida del sol del ayer y que hoy no figuran entre los vivos. Soy en realidad un hombre afortunado, y las horas de hoy constituyen algo extra, inmerecido. ¿Por qué se me ha permitido vivir este día extra cuando otros, mucho mejores que yo, han muerto? ¿Será acaso que han cumplido su propósito mientras que el mío está aún inconcluso? ¿Es esta otra oportunidad de convertirme en el hombre que yo sé que puedo ser? ¿Existe un propósito en la naturaleza? ¿Es este mi día para distinguirme?
Viviré este día como si fuese el último de mi existencia. Tengo tan solo una vida, y la vida nada es sino una medida del tiempo. Cuando malgasto una destruyo al otro. Si malgasto el hoy destruyo la última página de mi vida. Por lo tanto, trataré con ternura y afecto cada hora, porque no retornará jamás. No puede conservarse hoy para ser usada mañana; ¿quién puede atrapar al viento? Asiré con ambas manos cada minuto de este día y lo acariciaré con afecto puesto que su valor es incalculable. ¿Qué hombre moribundo puede comprar el hálito de otro aunque esté dispuesto a dar por él todo su oro? ¿Qué valor asignaré a las horas que me quedan? Las consideraré inapreciables.
Viviré este día como si fuese el último de mi existencia. Eludiré con ahínco todo aquello que mata el tiempo. A la indecisión destruiré con la acción; sepultaré las dudas bajo la fe; el temor destruiré con la confianza. No escucharé a los labios ociosos; no me quedaré donde hay manos ociosas; a personas ociosas no visitaré. De aquí en adelante sabré que el cortejar la ociosidad equivale a robar alimentos, ropas y calor de aquellos a quienes amamos. No soy un ladrón. Soy un hombre que siente cariño en su corazón y hoy es mi última oportunidad de demostrar mi cariño y mi grandeza.
Viviré este día como si fuese el último de mi existencia. Los deberes de hoy cumpliré hoy. Hoy acariciaré a mis hijos mientras son niños aún; mañana se habrán ido y yo también. Hoy abrazaré a mi mujer y la besaré dulcemente; mañana ya no estará ni yo tampoco; hoy le prestaré ayuda al amigo necesitado; mañana ya no clamará pidiendo ayuda, ni tampoco yo podré oír su clamor. Hoy me sacrificaré y me consagraré al trabajo; mañana no tendré nada que dar, y no habrá nada que recibir.
Viviré este día como si fuese el último de mi existencia. Y si es mi último día, será mi monumento más grande. Este día haré el mejor de mi vida. Este día aprovecharé los minutos hasta su máximo. Lo saborearé y daré gracias. Aprovecharé todas las horas y a los minutos canjearé solamente por algo de valor. Trabajaré con más ahínco que nunca y exigiré a mis músculos hasta que pidan el alivio, y aún así continuaré. Haré más visitas que nunca. Venderé más mercancías que nunca. Ganaré más oro que nunca. Cada minuto de hoy será más fructífero y fecundo que las horas de ayer. Mi último día deberá ser mi mejor día.
Viviré este día como si fuese el último de mi existencia. Y si no lo es, caeré de rodillas y daré gracias".
(Og Mandino).

jueves, 10 de diciembre de 2009

Og Mandino (1968): Pergamino nº 4

“Soy el milagro más grande de la naturaleza.
Desde el comienzo del mundo, nunca ha existido otro con mi mente, mi corazón, mis ojos, mis oídos, mis manos, mi cabello, mi boca… Nadie ha podido, ni puede ni podrá caminar y andar y moverse y pensar exactamente como yo. Todos los hombres son hermanos míos y sin embargo soy diferente de cada uno de ellos. Soy una criatura única.
Soy el milagro más grande de la naturaleza. Aunque figuro en el reino animal, lo animal solamente no me satisfará. Dentro de mí arde una llama que ha pasado a través de incontables generaciones, y su calor constituye un constante incentivo para mi espíritu de ser mejor de lo que soy y lo seré. Avivaré esta llama de la disconformidad y proclamaré mi singularidad ante el mundo. Nadie puede manejar el pincel ni el cincel como yo; nadie puede imitar exactamente mi caligrafía; nadie podrá engendrar a mi hijo y en realidad nadie tiene la habilidad de vender exactamente como yo. De aquí en adelante, me aprovecharé de esta diferencia puesto que es un factor que debo promover hasta lo sumo.
Soy el milagro más grande de la naturaleza. No haré más intentos vanos de imitar a otros. En cambio exhibiré mi singularidad en el mercado. La proclamaré, sí… la venderé. Comenzaré ahora a acentuar mis diferencias; a ocultar mis similitudes. Así también aplicaré este principio a las mercancías que vendo. Un vendedor y su mercancía, diferente de todos los demás, y orgulloso de la diferencia.
Soy un ser único de la naturaleza. Soy una cosa rara, y existe valor en todo lo raro; por lo tanto, soy de valor. Soy el resultado de miles de años de progreso; por lo tanto estoy mejor equipado, tanto mental como corporalmente, que todos los emperadores y sabios que me precedieron. Pero mi habilidad, mi mente, mi corazón y mi cuerpo se estancarán, se corromperán y morirán a menos que les dé buen uso. Tengo un potencial ilimitado. Empleo solamente una porción de mi cerebro; ejercito solamente una ínfima porción de mis músculos. Puedo mejorar en un ciento por ciento más mis éxitos de ayer, y esto haré, a comenzar desde hoy. Nunca jamás quedaré satisfecho con los éxitos del ayer, ni me entregaré tampoco a la alabanza personal por hechos que en realidad son demasiado pequeños para aún ser reconocidos. Puedo realizar mucho más de lo que he realizado y lo haré, porque ¿por qué razón el milagro que me produjo debe terminar con mi nacimiento? ¿Por qué no puedo extender ese milagro a mis hechos de hoy?
Soy el milagro más grande de la naturaleza. No estoy de casualidad en esta tierra. Estoy aquí con un propósito, y ese propósito es crecer hasta convertirme en montaña y no encogerme hasta parecer un grano de arena. De aquí en adelante concentraré todos mis esfuerzos a transformarme en la montaña más elevada de todas, y exigiré a mi potencial hasta que me pida tregua. Acrecentaré mis conocimientos de la humanidad, de mi mismo y de las mercancías que venda, de manera que mis ventas se multiplicarán. Practicaré y mejoraré y puliré las palabras que pronuncio para vender mis mercancías, porque este es el cimiento sobre el cual edificaré mi carrera y nunca me olvidaré que muchos han alcanzado grandes riquezas y éxito mediante un solo discurso de ventas pronunciado con excelencia. Asimismo procuraré constantemente mejorar mis modales y atractivos, puesto que son el azúcar hacia la cual todos son atraídos.
Soy el milagro más grande de la naturaleza. Concentraré todas mis energías a hacer frente al desafío del momento, y mis actos contribuirán a que me olvide de todo lo demás. Los problemas de mi casa los dejaré en casa. No pensaré en mi familia cuando estoy en el mercado, porque esto ensombrecerá mis pensamientos. De igual manera los problemas inherentes al mercado serán dejados en el mercado y no pensaré en mi profesión cuando estoy en mi casa, puesto que esto apagará mi amor. No hay lugar en el mercado para mi familia, ni hay lugar tampoco en mi casa para el mercado. Divorciaré al uno del otro y de esta manera permaneceré unido a ambos. Deben permanecer separados o morirá mi carrera. Esta es la paradoja de los siglos.
Soy el milagro más grande de la naturaleza. Se me han dado ojos para que vea y una mente para que piense y ahora sé un gran secreto de la vida porque percibo por fin que todos mis problemas, mis desánimos y sufrimientos son en realidad grandes oportunidades veladas. Nunca me engañaré por el disfraz que lleven, porque mis ojos están abiertos. Miraré más allá del disfraz y no seré engañado.
Soy el milagro más grande de la naturaleza. Ni las bestias, ni las plantas, ni el viento, ni la lluvia, ni las rocas ni los lagos tuvieron el mismo comienzo que yo, porque fui concebido con amor y traído a este mundo con un propósito. En el pasado no consideré esta verdad, pero desde ahora en adelante le dará forma a mi vida y la guiará.
Soy el milagro más grande de la naturaleza. Y la naturaleza no conoce derrota. Con el tiempo, emerge victoriosa y así lo haré yo, y con cada victoria la próxima lucha no será tan difícil. Venceré y me convertiré en un gran vendedor, puesto que soy único, singular.
Soy el milagro más grande de la naturaleza”.
(Og Mandino).

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Og Mandino (1968): Pergamino nº 3

“Persistiré hasta alcanzar el éxito.
En el Oriente los toros jóvenes son puestos a prueba en cierta forma para la corrida en la plaza. Estos toros son traídos a la plaza y se les deja atacar al picador que los pica con una lanza. La bravura de cada toro se calcula entonces con cuidado, según las veces que demostró su disposición de embestir a pesar de la picadura de la lanza. De aquí en adelante reconoceré que todos los días la vida me pone a prueba en igual forma. Si persisto, si sigo probando, si continúo embistiendo alcanzaré el éxito.
Persistiré hasta alcanzar el éxito. En este mundo no nací en derrota, ni el fracaso corre por mis venas. No soy una oveja que espera ser aguijoneada por el pastor. Soy un león y me niego a hablar, a caminar o a dormir con las ovejas. Me abstendré de escuchar a aquellos que lloran y se quejan, porque la enfermedad es contagiosa. Que ellos se unan a las ovejas. El matadero del fracaso no es mi destino.
Persistiré hasta alcanzar el éxito. Los premios de la vida se encuentran al final de cada jornada y no cerca del comienzo, y no me corresponde a mí saber cuántos pasos son necesarios a fin de alcanzar mi meta. Puede aún sobrecogerme el fracaso al dar mi milésimo paso, y sin embargo quizá el éxito se oculte detrás del siguiente recodo del camino. Jamás sabré cuán cerca estoy del éxito a menos que doble la curva. Siempre daré un paso más. Si ese no es suficiente, daré otro y aún otro. En realidad, un paso por vez no es muy difícil.
Persistiré hasta alcanzar el éxito. De aquí en adelante consideraré el esfuerzo de cada día como un golpe de la hoja del hacha contra un poderoso roble. El primer golpe quizá ni cause temblor en el árbol, ni el segundo ni el tercero. Cada golpe en sí mismo quizá sea insignificante y al parecer sin consecuencia. Y sin embargo, como resultado de golpes endebles el roble finalmente se tumbará. Y así será con mis esfuerzos de hoy. Se me comparará con las gotas de lluvia que finalmente se llevan la montaña; la hormiga que devora al tigre; la estrella que ilumina la tierra; el esclavo que construye una pirámide. Edificaré mi castillo usando un ladrillo por vez porque yo sé que los pequeños intentos, repetidos, completarán cualquier empresa.
Persistiré hasta alcanzar el éxito. Jamás aceptaré la derrota y borraré de mi vocabulario palabras o frases como abandono, no puedo, imposible, irrealizable, improbable, fracaso, impráctico, sin esperanzas y retirada… porque son palabras de necios. Huiré de la desesperación, pero si esta enfermedad de la mente me atacara, seguiría trabajando en medio de la desesperación. Trabajaré y aguantaré. Pasaré por alto los obstáculos que se yerguen a mis pies y mantendré los ojos fijos en las metas por encima de mi cabeza, porque sé que donde termina el árido desierto crece la verde vegetación.
Persistiré hasta alcanzar el éxito. Recordaré la antiquísima ley de los promedios y la adaptaré para mi beneficio. Persistiré en la convicción de que cada vez que fracase en una venta, aumentarán las posibilidades de éxito en la tentativa siguiente. Toda vez que escuche un “no”, me aproximará al sonido de un “sí”. Toda vez que me encuentre con una mirada de desaprobación recordaré que sólo me prepara para la sonrisa que hallaré después. Cada desventura que me sobrevenga contendrá en sí la semilla de la buena suerte del mañana. Debo contemplar la noche para apreciar el día. Debo fracasar con frecuencia para tener éxito una sola vez.
Persistiré hasta alcanzar el éxito. Persistiré, persistiré y persistiré de nuevo. Cada obstáculo que se me presente lo consideraré como un mero rodeo en el camino que me lleva a la meta y un desafío a mi profesión. Persistiré y desarrollaré mis habilidades como el marino desarrolla las suyas, aprendiendo a dominar la furia de cada tormenta.
Persistiré hasta alcanzar el éxito. De aquí en adelante, aprenderé y aplicaré otro secreto de aquellos que sobresalen en su trabajo. Cuando haya terminado el día, sin tener en cuenta si ha sido un éxito o fracaso, procuraré realizar una venta más. Cuando mis pensamientos inviten a mi cansado cuerpo a retornar a la casa, resistiré la tentación de hacerlo. Trataré de realizar una venta más. Haré un intento más de cerrar el día con una victoria, y si ese intento fracasa haré otro. No permitiré jamás que ningún día termine en fracaso. De esta manera plantaré la semilla del éxito del mañana y lograré una ventaja insuperable sobre aquellos que cesan de trabajar a una hora prescripta. Cuando otros ponen fin a la lucha, la mía habrá comenzado y mi cosecha será amplia.
Persistiré hasta alcanzar el éxito. Ni permitiré tampoco que los éxitos del ayer me hagan caer en el sopor de la complacencia del hoy, puesto que esta es el gran fundamento del fracaso. Me olvidaré de los acontecimientos del día que ha pasado, ya fuesen buenos o malos, y saludaré el nuevo día con confianza de que este será el mejor día de mi vida. Mientras haya hálito en mí, persistiré. Porque ahora sé uno de los grandes principios del éxito: si persisto lo suficiente alcanzaré la victoria.
Persistiré, alcanzaré la victoria”.
(Og Mandino).

martes, 8 de diciembre de 2009

Og Mandino (1968): Pergamino nº 2

“Saludaré este día con amor en mi corazón.
Porque este es el secreto más grande del éxito en todas las empresas. La fuerza muscular podrá partir un escudo y aún destruir la vida, pero sólo el poder invisible del amor puede abrir el corazón del hombre, y hasta que no domine este arte no seré más que un mercachifle en el mercado. Haré del amor mi arma más poderosa y nadie a quien yo visite podrá defenderse de su fuerza.
Podrán contradecir mi razonamiento; podrán desconfiar de mis discursos; podrán desaprobar mi manera de vestir; podrán rechazar mi rostro y hasta podrán sospechar de mis ofertas especiales. Y sin embargo, mi amor les derretirá el corazón, al igual que el sol cuyos rayos entibian la más fría arcilla.
Saludaré este día con amor en mi corazón. ¿Y cómo lo haré? De aquí en adelante contemplaré todas las cosas con amor y naceré de nuevo. Amaré al sol porque me calienta los huesos; pero también amaré la lluvia porque purifica mi espíritu. Amaré la luz porque me señala el camino; pero también amaré la oscuridad porque me enseña las estrellas. Acogeré la felicidad porque engrandece mi corazón; pero también soportaré la tristeza porque descubre mi alma. Reconoceré la recompensa porque constituye mi pago; pero también daré acogida a los obstáculos porque constituyen para mí un desafío.
Saludaré este día con amor en mi corazón. ¿Y cómo hablaré? Elogiaré a mis enemigos y se convertirán en amigos míos. Animaré a mis amigos y se volverán mis hermanos. Ahondaré siempre en busca de razones para elogiar; nunca me allanaré a buscar excusas para el chisme. Cuando sienta la tentación de criticar, me morderé la lengua; cuando me sienta inspirado a elogiar, lo proclamaré a los cuatro vientos.
¿No sucede que los pájaros, el viento, el mar y la naturaleza toda hablan con la música de la alabanza para su creador? ¿No puedo acaso hablar con la misma música a sus hijos? De aquí en adelante recordaré este secreto que cambiará mi vida.
Saludaré este día con amor en mi corazón. ¿Y cómo procederé? Amaré a todas las clases de hombres porque cada uno tiene cualidades dignas de ser admiradas aunque quizá estén ocultas. Derribaré la muralla de sospecha y de odio que han construido alrededor de sus corazones, y en su lugar edificaré puentes para llegar por ellos a sus almas. Amaré al que tiene ambiciones porque podrá inspirarme; amaré a los que han fracasado porque pueden enseñarme. Amaré a los reyes porque son solamente humanos; amaré a los humildes porque son divinos. Amaré a los ricos porque sufren la soledad; amaré a los pobres porque son tantos. Amaré a los jóvenes por la fe a que se aferran; amaré a los ancianos por la sabiduría que comparten. Amaré a los hermosos por sus ojos de tristeza; amaré a los feos por sus almas saturadas de paz.
Saludaré este día con amor en mi corazón. Pero, ¿cómo reaccionaré ante la conducta de los demás? Con amor. Porque así como el amor es el alma con la que me propongo abrir el corazón del hombre, el amor es también mi escudo para resistir los dardos de odio y las lanzas de ira. La adversidad y el desánimo azotarán cual huracán mi nuevo escudo, hasta quedar finalmente reducidos a fina lluvia. Mi escudo me protegerá en el mercado, me sostendrá cuando esté solo. Me estimulará en momentos de desánimo, pero también me calmará en épocas de gozoso transporte. Con el uso se fortalecerá y me protegerá cada vez más, hasta que un día lo pondré a un lado y caminaré sin estorbos entre todos los hombres, y cuando lo haga mi nombre será enarbolado bien alto en la pirámide de la vida.
Saludaré este día con amor en mi corazón. ¿Y cómo me enfrentaré con las personas con quienes me encuentro? De una sola manera: en silencio y en mi fuero interno me dirigiré a él y le diré que le amo. Aunque dichas en silencio, estas palabras se reflejarán en mis ojos, serenarán mi frente, harán que una sonrisa se asome a mis labios y harán eco en mi voz; y su corazón se abrirá. ¿Y quién es aquel que se negará a comprar mis mercancías cuando en su corazón sienta su amor?
Saludaré este día con amor en mi corazón. Y principalmente me amaré a mí mismo. Porque cuando lo hago, vigilaré celosamente todo lo que entra en mi cuerpo, mi mente, mi alma y mi corazón. Nunca jamás mimaré los apetitos de la carne, sino que más bien trataré mi cuerpo con limpieza y moderación. Nunca permitiré que mi mente sea atraída por el mal y la desesperación, sino que más bien la estimularé con los conocimientos y la sabiduría de los siglos. Nunca le permitiré a mi alma que se vuelva complaciente y satisfecha; por el contrario, la alimentaré con la meditación y la oración. Nunca permitiré que mi corazón se empequeñezca o se amargue; sino más bien lo compartiré y crecerá y alegrará la tierra.
Saludaré este día con amor a mi corazón. De aquí en adelante amaré a toda la humanidad. Desde este momento todo el odio ha sido extraído de mis venas porque no tengo tiempo para odiar, sólo tengo tiempo para amar. Desde este momento doy el primer paso requerido para convertirme en un hombre entre los hombres. Con amor aumentaré mis ventas en un ciento por ciento y me convertiré en un gran vendedor. Aunque no posea otras cualidades, puedo alcanzar el éxito con el amor solamente. Sin el amor fracasaré aunque posea todos los conocimientos y habilidades del mundo.
Saludaré este día con amor, y tendré éxito”.
(Og Mandino)

lunes, 7 de diciembre de 2009

Og Mandino (1968): Pergamino nº 1


"Hoy comienzo una nueva vida. Hoy mudaré mi viejo pellejo que ha sufrido, durante tanto tiempo, las contusiones del fracaso y las heridas de la mediocridad. Hoy nazco de nuevo y mi lugar de nacimiento es una viña donde hay fruto para todos. Hoy cosecharé uvas de sabiduría de las vides más altas y cargadas de frutas de la viña, porque estas fueron plantadas por los más sabios de mi profesión que han venido antes que yo, de generación en generación. Hoy saborearé el gusto de las uvas frescas de las vides, y ciertamente me tragaré la semilla del éxito encerrada en cada una y una nueva vida retoñará dentro de mí.
La carrera que he escogido está repleta de oportunidades, y al mismo tiempo está llena de angustia y desesperación. Y los cadáveres de aquellos que han fracasado, si se los pusiera uno encima del otro, proyectarían su sombra por encima de todas las pirámides de la tierra. Y sin embargo no fracasaré como los otros, puesto que en mis manos sostengo las cartas de marear que me guiarán a través de corrientes peligrosas hasta las playas que sólo ayer me parecían un sueño.El fracaso no será mi recompensa por la lucha. Así como la naturaleza no ha hecho provisión alguna para que mi cuerpo tolere el dolor, tampoco ha hecho provisión para que mi vida sufra el fracaso. El fracaso, como el dolor, es ajeno a mi vida. En el pasado lo acepté como acepté el dolor. Ahora lo rechazo y estoy preparado para abrazar la sabiduría y los principios que me sacarán de las sombras para internarme en la luz resplandeciente de la riqueza, la posición y la felicidad, muy superiores a mis más extravagantes sueños hasta que aún las manzanas de oro en el jardín de las Hespérides no parecerán otra cosa que mi justa recompensa.
El tiempo le enseña todas las cosas a aquel que vive para siempre, pero no puedo darme el lujo de la eternidad. Y sin embargo, dentro del tiempo que se me ha asignado debo practicar el arte de la paciencia porque la naturaleza no procede jamás con apresuramiento. Para crear el olivo, el rey de todos los arboles, se requieren 100 años. Una planta de cebolla es vieja después de 9 semanas. He vivido como una planta de cebolla, pero no estoy conforme con ello. Ahora quisiera ser el más grande de los árboles de olivo, y en realidad el más grande de los vendedores.
¿Y cómo lo lograré? Porque no tengo ni los conocimientos ni la experiencia para alcanzar la grandeza, y ya he tropezado en ignorancia y caído en el charco de la compasión por mí mismo. La respuesta es sencilla: comenzaré mi viaje sin el estorbo de los conocimientos innecesarios o la desventaja de una experiencia carente de significado. La naturaleza me ha proporcionado ya el conocimiento y el instinto muy superiores a los de cualquier bestia en el bosque; y a la experiencia se le ha asignado un valor exagerado, especialmente por los viejos que asienten sabiamente con la cabeza y hablan estúpidamente.
En realidad, la experiencia enseña sistemáticamente, y sin embargo su curso de instrucción devora los años del hombre de manera que el valor de sus lecciones disminuye con el tiempo necesario para adquirir su sabiduría especial. Y al final se ha malgastado en hombres que han muerto. Además, la experiencia se compara con la moda. Una acción o medida que tuvo éxito hoy será irresoluble e impráctica mañana. Solamente los principios perduran y estos poseo, porque las leyes que me conducirán a la grandeza figuran en las palabras de estos pergaminos. Me enseñarán más a evitar el fracaso que a alcanzar el éxito, porque ¿qué es el éxito sino un estado mental? ¿Qué dos personas, entre mil sabios, definirán el éxito con las mismas palabras? Y sin embargo el fracaso se describe siempre de la misma forma. El fracaso es la incapacidad del hombre de alcanzar sus metas en la vida, cualesquiera que sean.
En realidad, la única diferencia entre aquellos que han fracasado y aquellos que han tenido éxito reside en la diferencia de sus hábitos. Los buenos hábitos son la clave de todo éxito. Los malos hábitos son la puerta de entrada al fracaso. De manera entonces que la primera ley que obedeceré, y que precede a todas las otras es la siguiente: me formaré buenos hábitos, y seré esclavo de esos hábitos.
Cuando era niño, era esclavo de mis impulsos; ahora soy esclavo de mis hábitos, como lo son todos los hombres crecidos. He rendido mi libre albedrío a los años de hábitos acumulados y las acciones pasadas de mi vida han señalado ya un camino que amenaza aprisionar mi futuro. Mis acciones son gobernadas por el apetito, la pasión, el prejuicio, la avaricia, el amor, temor, medio ambiente, hábitos, y el peor de estos tiranos es el hábito. Por lo tanto si tengo que ser esclavo de los hábitos, que sea esclavo de los buenos hábitos. Los malos hábitos deben ser destruidos y nuevos surcos preparados para la buena semilla.
Adquiriré buenos hábitos y me convertiré en su esclavo. ¿Y cómo realizaré esta difícil empresa? Lo haré por medio de estos pergaminos, porque cada uno contiene un principio que desalojará de mi vida un hábito malo y lo reemplazará con uno que me acerque al éxito. Porque hay otra ley de la naturaleza que dice que sólo un hábito puede dominar a otro. De manera que a fin de que estas palabras escritas cumplan la tarea para la cual han sido designadas, debo de disciplinarme a mí mismo y adquirir el primero de mis nuevos hábitos que es el siguiente: leeré cada pergamino durante 30 días en esta forma prescrita, antes de proceder a la lectura del pergamino siguiente.
Primero, leeré las palabras en silencio cuando me levanto por la mañana. Luego leeré las palabras en silencio después de haber participado de la comida del mediodía. Finalmente leeré las palabras de nuevo antes de acostarme al finalizar el día, y aún más importante, en esta oportunidad leeré las palabras en alta voz. Al día siguiente repetiré este procedimiento, y continuaré de esta manera durante 30 días. Luego empezaré el siguiente pergamino y repetiré este procedimiento durante otros treinta días. Continuaré de esta forma hasta que haya vivido con cada uno de los pergaminos durante 30 días y mi lectura se haya convertido en un hábito.
¿Y qué realizaré mediante este hábito? Reside aquí el secreto oculto de todas las realizaciones del hombre. Al repetir diariamente las palabras, se convertirán pronto en parte integral de mi mente activa, pero aún más importante, se filtrarán también hasta la otra mente mía, ese misterioso venero que nunca duerme, que crea mis sueños y con frecuencia me hace proceder en una forma que no comprendo. A medida que las palabras de estos pergaminos son absorbidas por mi misteriosa mente comenzaré a despertar, todas las mañanas, con una vitalidad que no he conocido nunca. Mi vigor aumentará, mi entusiasmo se acrecentará, mi deseo de enfrentarme con el mundo dominará a todos los temores que antes me asaltaban al amanecer, y seré más feliz de lo que jamás había pensado que fuses posible en este mundo de luchas y de dolor.
Finalmente, descubriré que reacciono ante todas las situaciones que me confrontan como los pergaminos me ordenaron que reaccionara, y pronto estas acciones serán fáciles de realizar, porque todo acto se hace fácil con la práctica. De manera entonces que nacerá un hábito nuevo y bueno, porque cuando un acto se hace fácil mediante la repetición constante se convierte en un placer realizarlo, y si es un placer realizarlo corresponde a la naturaleza del hombre el realizarlo con frecuencia. Cuando lo hago con frecuencia se convierte en un hábito y yo me convierto en su esclavo y puesto que este es un buen hábito, esta es mi voluntad.
Hoy comienzo una nueva vida. Y me hago un solemne juramento de que nada retardará el crecimiento de mi nueva vida. No interrumpiré ni un día estas lecturas porque el día que pierda no podrá recobrarse jamás ni podré sustituirlo por otro. No debo interrumpir, no interrumpiré este hábito de la lectura diaria de estos pergaminos y, en realidad, los pocos momentos que pase todos los días en este nuevo hábito serán un precio insignificante que tendré que pagar por la felicidad y el éxito que serán míos.Y mientras leo y releo las palabras de los pergaminos siguientes, no permitiré jamás que la brevedad de cada pergamino ni la simplicidad de sus palabras me lleven a tratar livianamente el mensaje del pergamino. Miles de uvas se prensan para llenar una botella de vino y el hollejo y la pulpa son arrojados a los pájaros. Así es con estas uvas de sabiduría de los siglos. Mucho se ha filtrado y arrojado a los vientos. Solamente la verdad pura yace destilada en las palabras que vendrán. Beberé según las instrucciones y no derramaré ni una gota. Y la semilla del éxito ingeriré. Hoy mi viejo pellejo se ha vuelto como polvo. Caminaré erguido ente los hombres y no me reconocerán, porque hoy soy un nuevo hombre, con una nueva vida".
(Og Mandino).

viernes, 4 de diciembre de 2009

La flecha en una dirección

Hace dos meses me dejaron un par de libros (que por cierto, he de devolver pronto) cuyos contenidos son de los años sesenta. No tengo publicaciones de las que se dicen “de autoayuda” porque siempre he creído que sus contenidos son de Perogrullo. Pero cuando uno se deja de literalidades y adapta el contenido a cuestiones actuales, puede llevarse una sorpresa al comprobar que las orientaciones de muchos gurús ya tenían su precedente hace más de cuarenta años. El texto que me ha llamado la atención dice así:

He diseminado mis esfuerzos en muchas direcciones. He perdido mucho corriendo de un arco iris al siguiente. He pasado incontables años bajando cubos vacíos a pozos también vacíos. Y, entre tanto, seguía esperando que el éxito, la felicidad y la riqueza serían míos algún día. Esperé en vano. Sin el milagro de estos rollos, mi esperanza hubiera sido vana. Qué pena. En la calle del ocio se llega finalmente a la casa del nunca.
Ahora todo eso ha quedado a mi espalda. Ahora comprendo por qué razón no alcancé el éxito. La persona que duda constantemente entre dos cosas acaba sin hacer ninguna. Si vacilo entre un plan y otro y me doblo constantemente al viento como hacen los lirios siguiendo todos los puntos del compás, nunca conseguiré hacer nada de provecho. Aquellos que se concentran en hacer una sola cosa a la vez son los que avanzan en este mundo. El gran hombre es aquel que nunca se aparta de su especialidad ni disipa neciamente su individualismo. Ahora conozco el gran secreto que tenía siempre ante mis ojos, pero no podía ver porque estaba ciego.
Siempre me entregaré en cuerpo y alma a la tarea que realice.
La gran diferencia entre los que alcanzan el éxito y los que fracasan no consiste en la cantidad de trabajo que cada uno realiza sino en la cantidad de trabajo inteligente. Muchos de los que fracasan estrepitosamente realizan un esfuerzo suficiente para alcanzar grandes éxitos, pero lo hacen un poco al azar y sin método, destruyendo con una mano lo que construyen con la otra. No saben aprovechar las circunstancias y transformarlas en oportunidades. No tienen capacidad para convertir las derrotas honradas en resonantes victorias. Aunque tienen capacidad suficiente y disponen de tiempo en abundancia para alcanzar el éxito, utilizan constantemente una lanzadera vacía y nunca consiguen tejer la tela de su vida.
Nunca más me limitaré a utilizar simplemente mis manos en mi trabajo en los momentos en que me hubiera tenido que entregar en cuerpo y alma. Al final, se han abierto mis ojos. A partir de ahora, cumpliré con mi obligación como si no hubiera nada más importante en el mundo. La creación de miles de bosques nació de una sola bellota. La concentración y la perseverancia construyeron las grandes pirámides de Egipto. El experto en un solo oficio puede alimentar una familia. El experto en siete oficios no puede mantenerse ni a sí mismo. El viento no está hecho para el marinero que no sabe a qué puerto se dirige. Ahora ya sé dónde quiero ir y sé cómo llegar a mi destino.
Siempre me entregaré en cuerpo y alma a la tarea que realice.
El mundo no exige muchas cosas con indiferencia sino una sola cosa con perfección. El que esparce sus esfuerzos jamás alcanzará el éxito. Si cortamos una salamandra por la mitad, la parte anterior correrá hacia adelante y la posterior hacia atrás. Estos son los progresos del que divide su propósito. El éxito es siempre celoso de las energías disipadas.Estoy dispuesto a introducir grandes cambios en mi vida. El mundo sabrá que he cambiado de rumbo. Qué inmenso es el poder de los objetivos concretos. Mi voz, mi atuendo, mis movimientos y gestos cambiarán cuando empiece a vivir mis jornadas con un propósito definido. ¿Cómo he podido estar ciego a esta gran verdad? La persona que conoce una cosa y la hace mejor que nadie, aunque sólo sea al arte de cultivar lentejas, recibirá el premio a sus esfuerzos. Si cultiva las mejores lentejas porque ha dedicado todas sus energías a este fin, es un benefactor de la humanidad y, como tal, recibirá su recompensa.
Siempre me entregaré en cuerpo y alma a la tarea que realice.
Estableceré mis objetivos y los tendré siempre presentes. Solo encontramos aquello que buscamos con todo nuestro corazón. Si no busco nada en particular en la vida, eso es lo que encontraré. La abeja no es sólo el único insecto que visita la rosa, sino también el único que elabora la miel. No importa lo excelentes que sean los conocimientos adquiridos a través del esfuerzo y los años de estudio de nuestra juventud. Si nos lanzamos a la vida sin una idea definida sobre nuestro futuro trabajo, podemos estar seguros de que no habrá ninguna circunstancia accidental o feliz que nos permita crear una soberbia estructura de impresionantes proporciones.
A menudo nos dicen que tenemos que apuntar alto en la vida pero, en realidad, tenemos que apuntar a aquello que esté a nuestro alcance. Un propósito general no es suficiente. La flecha disparada desde el arco no vaga por el camino para ver qué puede alcanzar, sino que vuela directamente hacia al blanco propuesto. La explosión ampliamente dispersada del trueno no produce resultados, comparables al estallido concentrado del relámpago. Ahora sé que si persigo un objetivo digno con todas las facultades de mi mente, no podré fallar. Si concentro los rayos del sol en un espejo, incluso en los más fríos días de invierno, podré encender una hoguera con facilidad.
Siempre me entregaré en cuerpo y alma a la tarea que realice.
La más débil criatura viviente, concentrando sus poderes en un solo objetivo, puede alcanzar buenos resultados mientras que la más fuerte no hará nada de provecho si dispersa sus esfuerzos en muchas tareas. Las gotas de agua  que caen constantemente horadan las rocas más duras, mientras que las rápidas corrientes pasan rugiendo por ellas sin dejar el menor rastro. Yo quiero dejar rastros. El mundo sabrá que pasé por aquí.
Siempre me entregaré en cuerpo y alma a la tarea que realice.


Como la obra en cuestión se titula “El vendedor más grande del mundo”, de Og Mandino, quise curiosear lo que en aquella época se aconsejaba. Pero, ¿de verdad que es sólo aplicable a las ventas?

miércoles, 2 de diciembre de 2009

El reflejo anónimo

Nos pasamos el día haciendo y diciendo cosas. En el trabajo, en casa, en la cafetería, con los amigos… Todo responde a iniciativas y a consecuencias, a preguntas y a respuestas, a causas y a efectos. ¿Tiene influencia? Desde luego que la tiene, porque cualquier acto nuestro se lleva a cabo con determinado objetivo, por mínimo que este sea. Y esperamos y deseamos que tenga influencias positivas, porque somos bienpensados y con esa intención lo hacemos.

Pero en muchas ocasiones desconocemos la extensión de nuestra influencia. Nuestras palabras o nuestros actos pueden haberse tomado como ejemplo de lo que debe –o no debe- hacerse. Sin ser conscientes de ello, hemos motivado a quien menos esperábamos: al vecino, al camarero que nos sirve, al taxista que discretamente escucha reflexiones de los pasajeros o a otro vendedor de nuestro equipo a quien no iba destinado el mensaje.

Es como una interrelación no cognoscitiva. Hechos y conclusiones que viajan de un lado a otro sin que hayamos percibido ser iniciadores del juego o sin la intención de que circulase por un canal distinto al que se pretendía. “Las paredes oyen”, dicen en previsión de evitar que el mensaje llegue a oídos no deseados. Pero en nuestro caso no se trata de restricción alguna. Aquí hablamos del reflejo anónimo.

¿Somos conscientes de esa influencia desconocida por nosotros mismos? Sin duda sabemos que un hijo pequeño no despegará el ojo de su padre y tratará de imitarlo. Y los padres, evidentemente, funcionamos con extremo cuidado de no ser presa de la observación de estas “pequeñas águilas” en un momento de descuido. Por eso tratamos de vigilar nuestras propias acciones, nuestras reacciones y nuestras palabras, no vaya a ser que -por imitación- el niño asimile lo que todavía no debe (¡qué afortunados somos algunos de que las madres anden ojo avizor, pues merecidos reproches nos llevamos en alguna ocasión!).

Pues para lo bueno y para lo malo, niños grandes también toman nota en nuestra vida diaria. Para lo bueno y para lo malo, sin ser conscientes de ello, se nos califica y se nos imita o rechaza. Dado que no existe feedback (porque ni se reclama ni se espera) nuestras acciones y nuestras palabras también asignan representatividad sobre los organismos a los que pertenecemos –sociedad, profesión, religión, familia…- y que pueden quedar identificados por aquello que hemos dicho o hecho.

No se trata de la artificialidad del carisma sobre el que comentábamos en el post anterior, pero sí es necesario entender la virtualidad que el observante puede asignarnos, de forma que aquello que representamos quede desnaturalizado. Por nuestros hechos puntuales se nos puede aplicar –sin que nosotros tengamos oportunidad de aclarar o explicar- una personalidad o condición equivocada. Al menos, con la que no quisiéramos ser identificados porque no es la nuestra. Y por ende, puede así calificarse a nuestro producto o servicio, a nuestra idea o intención, como de fiable o desaconsejable.

Por eso lo que decimos o hacemos fuera de contexto tiene una importancia insospechada por nosotros. Y dado que –insisto en ello- puede ser para lo bueno y para lo malo, ojalá pudiésemos canalizar nuestras acciones diarias sobre la perspectiva de la constante influencia. Dicho de otra manera, si nos pillan a micrófono cerrado, que nuestras menciones sean coherentes y positivas. Si las cámaras siguen grabando en la pausa publicitaria de la vida, que nuestra actitud y nuestra postura sea sencilla, elegante y comedida. No, no se trata de disfrazar nuestra personalidad sino de ser cuidadosos con ella. Pero permítame un consejo: no sobreactúe, porque se le notará a la legua.